Un libro editado por el académico UCSC Dr. Froilán Ramos reúne a 14 especialistas de cuatro países para analizar el auge y declive del sistema político venezolano entre 1958 y 1998. La obra advierte que ni las elecciones periódicas, la bonanza económica o la riqueza petrolera garantizan por sí solas la estabilidad institucional.
Durante las décadas de 1970 y 1980, Venezuela era considerada un modelo de democracia liberal en Iberoamérica. Con una economía respaldada por la riqueza petrolera y un Estado asociado al bienestar, el país llegó incluso a convertirse en referente para los procesos de transición democrática en España y América Latina. Décadas después, su trayectoria plantea una de las preguntas más complejas de la historia política reciente de la región: ¿cómo una democracia percibida como estable y próspera llegó a una profunda crisis?Esta interrogante atraviesa el libro “Venezuela. Auge y caída de la democracia (1958-1998)”, publicado por el Centro de Estudios Bicentenario y editado por los historiadores Cristián Garay Vera, Dr. Froilán Ramos Rodríguez y José Alberto Olivar. La obra reúne a 14 especialistas de Chile, Venezuela, Colombia e Italia y propone una lectura interdisciplinaria de las cuatro décadas comprendidas entre el restablecimiento de la democracia venezolana en 1958 y la crisis del sistema político a fines del siglo XX.
Para el Dr. Froilán Ramos, Director del Departamento de Historia y Geografía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), una de las claves interpretativas es que la publicación trasciende el caso particular de un país.
“Me parece esencial destacar que una de las claves interpretativas de esta obra es que no se trata de un texto concebido exclusivamente sobre Venezuela y para venezolanos. Lejos de ello, es un estudio sobre la fragilidad democrática latinoamericana analizada a través de la experiencia venezolana, con sus indudables luces y sombras”, explicó.
Una democracia que parecía consolidada
El caso venezolano resulta especialmente significativo porque durante parte importante del siglo XX el país representó una experiencia de estabilidad en una región marcada por dictaduras y quiebres institucionales. Según Ramos, durante las décadas de 1970 y 1980 Venezuela era percibida como “un modelo de democracia liberal en Iberoamérica”, además de un petroestado sudamericano próspero asociado al Estado del bienestar.
Precisamente por ello, su posterior crisis permite cuestionar la idea de que una democracia, una vez consolidada, permanece estable de manera automática.
“Una de las grandes lecciones que deja la experiencia venezolana es que la democracia no puede considerarse un fin en sí mismo, ni una estructura acabada o consolidada de forma perenne. Por el contrario, se trata de un conjunto de prácticas institucionales y valores ciudadanos compartidos que exigen un cultivo continuo y esmerado”, sostuvo el académico.
Desde esta perspectiva, el libro plantea una advertencia que trasciende las fronteras venezolanas. “No existe una fórmula, receta o vacuna que garantice la estabilidad democrática por el solo hecho de existir; su preservación es una construcción constante y permanente, indispensable para evitar salidas autoritarias o mesianismos políticos”, afirmó Ramos.
La experiencia también tensiona otra asociación frecuente: que la abundancia de recursos naturales asegura por sí misma el desarrollo de una sociedad. Según el historiador, el caso venezolano demuestra que “la riqueza petrolera en manos del Estado no constituye, bajo ningún concepto, una garantía automática de prosperidad y equidad”.
Catorce especialistas para comprender una crisisPublicado en Santiago de Chile en 2026, el volumen tiene 280 páginas y se estructura en 11 capítulos. Sus análisis abordan la institucionalidad democrática, la economía petrolera, las relaciones civiles y militares, la política exterior, la comunicación, el urbanismo y las transformaciones sociales que incidieron en el desarrollo y posterior crisis del sistema político venezolano.
La publicación reúne trabajos de David Ruiz Chataing, José Betancourt, Daniela Vignati, Gustavo Salcedo, Francesca Ramos, Ronald Rodríguez, Alejandro Cáceres, Lorena Puerta, Alfredo Rodríguez, Luis Butto y Luis Marcano, además de sus tres editores.
Para Froilán Ramos, la diversidad disciplinaria y geográfica permite examinar el fenómeno con mayor profundidad crítica, considerando tanto los logros como las limitaciones del proceso de modernización venezolano.
“Las miradas desde diversas disciplinas y latitudes han permitido analizar la experiencia venezolana con una mayor agudeza crítica, sopesando tanto los éxitos como los fracasos de su proyecto de modernización”, explicó.Como ejemplo, destacó que los capítulos dedicados a la política exterior venezolana incorporaron la colaboración de académicos de Colombia e Italia, mientras que la experiencia de la migración española en Venezuela fue estudiada en coautoría con un investigador chileno.
“En su conjunto, este esfuerzo ha dado forma a un ejercicio intelectual notable, cuyo principal valor reside, precisamente, en que la trayectoria política venezolana es analizada en diferentes dimensiones, tanto desde el interior como desde fuera de la nación sudamericana”, agregó.
¿Qué salió mal?
Desde una perspectiva historiográfica, la obra propone una revisión crítica de la experiencia democrática venezolana del siglo XX y articula distintos enfoques en torno a interrogantes que continúan abiertas.
“¿Qué sucedió? ¿Qué salió mal? ¿En qué momento la democracia dejó de ser una opción atractiva para una parte sustancial de la sociedad venezolana?”, planteó el académico UCSC.
El libro no busca entregar respuestas definitivas ni establecer una explicación única para el declive del sistema político. Su propósito, explicó Ramos, es abrir el debate internacional mediante antecedentes documentales y herramientas analíticas que permitan examinar el proceso con rigurosidad.
En ese sentido, la reflexión adquiere una dimensión iberoamericana. Para el historiador, la trayectoria venezolana muestra que las elecciones periódicas, los períodos de bonanza económica o la existencia de sistemas presidencialistas no bastan, por sí solos, para asegurar democracias saludables.
“Esta es una discusión mucho más profunda que los estereotipos coyunturales o las narrativas binarias de izquierdas y derechas; el núcleo del asunto es la vigencia de la democracia y la libertad occidental en Venezuela y América Latina”, afirmó.
Finalmente, Ramos destacó el respaldo institucional que permitió impulsar el trabajo editorial y su contribución al desarrollo de las Humanidades desde la UCSC.
“Este nuevo libro posiciona y proyecta a la UCSC, y en particular a su cultivo de las Humanidades, como una institución a la vanguardia de las discusiones académicas internacionales, a partir de la construcción de conocimientos que aportan decididamente a la sociedad, la ciudadanía, las instituciones y la paz”, concluyó.









