Cuando se habla del 21 de mayo de 1879, los nombres de Prat, Serrano y Aldea llenan con justicia las páginas de nuestra historia. Pero hubo otros hombres que, sin uniforme ni espada, defendieron el honor de Chile en esas horas trágicas. Uno de ellos fue Benigno Posada, ciudadano español y presidente de la Beneficencia Española de Iquique.
La historia dramática ocurrió ese mismo 21 de mayo, cerca de las 17:00 horas. Cuando los restos de Prat y Serrano junto a un agonizante Sargento Aldea fueron abandonados por el Almirante Miguel Grau, en la puerta de la Aduana de Iquique, los héroes chilenos estuvieron expuestos a la befa de la multitud y fueron objeto de un violento ataque por parte de una turba de ciudadanos peruanos exaltados. Benigno Posada, testigo del hecho, no dudó, arriesgando su integridad física, se interpuso y logró detener el cruel vejamen que sufría el cuerpo del Capitán Prat. Posada sin armas, solo con su investidura y su valor personal, impidió que la barbarie continuara. Desde ese día Iquique le debe a este español el haber resguardado el honor de Prat cuando este ya no podía defenderse.
La gestión de Posada no terminó ahí. Junto al vicecónsul inglés en Iquique, Juan Nairn, ejerció presión social como ciudadanos europeos neutrales para un objetivo mayor: que el Almirante Miguel Grau devolviera las pertenencias personales de Arturo Prat a su viuda, Carmela Carvajal. Sin ellos, quizás nunca habrían llegado a manos de la familia.
Benigno Posada no era chileno de nacimiento, pero actuó como el mejor de los patriotas. Entendió que el respeto a los caídos está por sobre las banderas del momento. Que la civilidad se mide en cómo tratamos a nuestros enemigos en la muerte. Hoy que Iquique debate sobre su identidad y sus tradiciones, el recordar a Benigno Posada es urgente. Nos enseñó que el 21 de mayo también se honra con gestos de humanidad, con valor civil y con respeto a los símbolos. Su nombre debe estar junto al de Prat cada mayo, porque sin su intervención, la afrenta habría sido doble.
Dar la vida por la patria como lo hizo Arturo Prat y los héroes de la Esmeralda no es solamente una obligación moral de cada chileno, es un deber de que nuestra bandera nunca debe ser arriada frente al enemigo. Benigno Posada, sin ser chileno, entendió ese deber mejor que muchos.









